Una semana atrás ante estos mismos micrófonos de La Tribu conmemorábamos un nuevo y nefasto aniversario del golpe cívico-militar desentrañando sin maquillaje ni oportunismo las ominosas continuidades de aquel proceso que siguieron vigentes a partir de diciembre de 1983, ya sin los uniformados en el gobierno.
Visitamos aspectos de la economía, de la vida social, de asuntos tanto materiales como subjetivos y por supuesto sobrevoló -como tantas otras veces en Después de la Deriva- la violencia estatal sobre cuerpos y territorios esté quién esté en la Casa Rosada.
La desaparición y el asesinato de Santiago Maldonado es un caso emblema de esa modalidad criminal no porque su imagen tuviera más peso que la de Jorge Julio López, Luciano Arruga o cualquiera de las más de 200 personas que el sistema democrático se chupó a lo largo de 37 años sino porque su situación fue uno de los emblemas para denunciar el modelo político de la alianza Cambiemos con Mauricio Macri en la presidencia.
El rostro de Santiago fue al mismo tiempo una imagen de acusación y bandera y -como tantas otras causas ligadas a los derechos humanos- también un pretendido lugar de utilización partidaria de la tragedia.
Pero el reclamo genuino de su hermano Sergio Maldonado y otros familiares supo esquivar ese arrullo que adormece, la bajeza de la denominación del desaparecido 30.001 y otros usos de ocasión para no cejar en una mirada amplia, valiente, incómoda, consecuente contra el Estado asesino, contra la justicia cómplice.
Con el cambio de gobierno que igualmente mira para otro lado y una causa judicial tan congelada como entonces se cumple el vaticinio de un sistema más hondo y más ancho que cualquier publicitada grieta.
La instalación de un busto de Santiago en Plaza de Mayo para acompañar la última marcha sostenida por el Encuentro Memoria, Verdad y Justicia el miércoles último, fue un acto sintetizador de prácticas y consignas en torno a la efeméride. Y por novedoso y por molesto, el solícito e inefable gobierno porteño de Rodríguez Larreta decidió quitarlo alegando razones burocráticas.
De ese nuevo gesto político, de una lucha que no se abandona y que ve más lejos, recibimos hoy con orgullo y alegría a Sergio Maldonado en Después de la Deriva.

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