Las nociones de pueblo y popular contienen en sí mismas la trampa de hacer que todos demos por supuesto de qué estamos hablando cuando las utilizamos, pero atentos a ese engaño latente hoy queremos poder espiar algunos de sus pliegues a partir de la cultura.

No se trata, claro está, de hallar una definición unívoca, pero sí de hallar la lengua que mejor nos satisface para que nuestros enunciados tengan la consistencia que anhelamos.

Y para procurar despejar el camino, el arte siempre es bienvenido y las señas del tango, la literatura y la canción criolla nos aportan sus sellos locales en busca de tratar de averiguar cómo se cultivan los géneros de fuerte carga identitaria ante tan escasa vidriera mediática y si hay un público, una población dispuesta a recibir esas propuestas.

Poder pensar colectivamente estas inquietudes quizás nos lleve por aguas torrentosas y nos habilite a ver de qué manera se construye una memoria popular, qué valor le otorgamos a la cultura que se forja en las entrañas de nuestra historia y de qué manera proyectamos ese pertenencia como canto y como grito de rabiosa esperanza.

En Después de la Deriva proponemos este viaje que tal vez, si sale bien, coloque en entredicho muchos de los supuestos dados que construyen una subjetividad mansa y conforme y, a lo mejor, nos regale una partitura que nos convide a dar unos nuevos pasos en busca mundo igualitario y diverso que queremos poner a sonar.
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